El orgasmo es un hecho físico, psiquico, emocional, cultural y político, dice Patricia Suarez. Lo mismo podríamos decir de la escritura. El patriarcado quiso adueñarse de nuestros orgasmos y como de nuestra escritura. En el comienzo de los tiempos nos dijeron que no existían, que solo los cuerpos de los varones sentían placer durante la relación sexual.
Pero nosotras sabíamos que nuestros cuerpos gozaban y cuando lo cantamos nos prendieron fuego en hogueras al grito de: ¡brujas! Pero el fuego que nos gusta, el que va por dentro lo prendemos nosotras y no lo podrán apagar. Mas tarde la sociedad reconoció que si podíamos gozar del placer sexual pero que eso manchaba la dignidad de las mujeres, nombrándonos como “El angel del hogar”.
Ojalá muchas hayan gozado en secreto en aquellas épocas que por momentos no parecieran tan lejanas. En los 70 el mundo se revolucionó y se comunicó abiertamente que las mujeres también teníamos orgasmos y que eso era saludable. Sin embargo, también usaron nuestra liberación para culparnos. Si no gozabas te colgaban un cartel del frígida. O estabas enferma porque tu cuerpo no funcionaba como debía o no tenías la sensualidad y las ganas necesarias para pasarla bien en la relación sexual, cosa que debía suceder.
Años de orgasmos fingidos. Algunos silenciosos, otros gritones, espásticos, jadeantes… un master en actuación. ¿Por qué? ¿Para qué?
Porque se supone que nuestro goce solo sirve para que los varones se sientan complacidos de complacernos. Por que siempre creyeron que nuestro placer estaba en sus manos y no en las nuestras. Cuantas mentiras. Ojala nuestros baños y camas guarden muchos secretos de masturbación.
La desinformación sobre nuestros cuerpos que fueron hablados sistemáticamente por otros nos hicieron creer que nuestros orgasmos eran vaginales y se producían a través de la penetración. Pues sentimos comunicarles que no es así, que tenemos un órgano que solo esta destinado a darnos placer y no se llama vagina sino clítoris. Hablemos de él, informémonos, charlemos, busquémoslo, toquémoslo, experimentemos...
Por qué el patriarcado tiene miedo de nuestros orgasmos. ¿Qué les escandalizan mas nuestros gritos de rebelión o de placer?
Pero acá estamos recuperando saberes y construyendo otros que a la medida de nuestros clítoris. La cuarta herida narcisista que propone la historia es el mito del falocentrismo. Lloren. Transformen esa angustia y duelo por aventuras de experimentación con gritos de placer genuinos…
- Laura Fiorillo

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