lunes, 8 de junio de 2020

El primer editorial de Esta Noche Está Encantador



La página en blanco. El momento de sentarse a escribir. El silencio en la reflexión. La reflexión en silencio. El aire de la radio. Los mensajes, metamensajes y codificaciones que se emiten segundo a segundo por el espacio. Comunicar ideas, pensamientos, sensaciones. Expresarnos...

Si lo que te gusta es gritar, desenchufa el cable del parlante, dice Charly. Y nos llenamos de publicidades, gritos, señalétcas, cuerpos perfectos danzando sobre la tarima del éxito. Estar acá en la radio, haciendo un programa, es llenar más espacios de voz en medio de la maraña de voces que pueblan este mundo. Alzar una ventana de existencia hacia el universo; como ese satélite Voyager enviado al espacio con sonidos de más de 50 lenguas que habitan la Tierra, ruidos de la naturaleza y música de Bach, Mozart, Beethoven, cantos navajos y algún blues.

 

Lo que se dice, lo que no se dice... Lo que se omite... El silencio es salud... pero cuántas veces esa omisión de palabras y voces enmudecidas significaron encubrimientos y falta de pruebas para tener una justicia más justa, valga la redundancia y el juego de palabras...

Lo que se expresa queda en el aire, alguien lo toma y lo reconvierte. Para bien o para mal. No creo que exista en este mundo el formato neutral de la palabra... Y cuando digo palabra me refiero a la palabra visual, auditiva, sensorial... No creo en la tibieza de la información. En la oralidad políticamente correcta.

No vengo acá a hacer bajadas de líneas ni discursos proféticos. No me interesan. Ni soy quien para darle lata a sus orejas. Pero sepan disculpar, o no; no me disculpen, enójense, pataleen, llamen y discurran con lo que de aquí en más se diga. Sepan disculpar, digo, si se ven arco iris donde algunos ven paisajes grises, si una oración creemos destila versos esperanzadores, cuando otros consideren que se están ocupando espacios de tiempo con falsas utopías...

Esta Noche Está Encantador no es un programa político. Pero pretendemos ocupar algunos bytes de la gran red de redes con artistas, pensadores, profesionales, obreres, poetas y loques que hacen cosas para cambiar, alegrar y llenar de vida este mundo.

No sé por qué... será el vértigo de este comienzo, pero me acordé de un tema que escuché de chiquito y que se quedó impregnado en la mente... Ahora cuando pienso en esperanza, me suena de fondo una especie de cortina musical con ese tema que hablaba de las hormiguitas... Se llamaba “Las hormigas mueven la montaña”, y era parte de “El diluvio que viene”, una comedia musical estrenada a principios de los setenta...

“Mas dos hormigas, hacen dos hormigas: un ejemplo de solidaridad. Pero sí que al llamar a sus otras compañeras, dándose maña mueven la montaña...” decía en un coro in-crescendo... La dictadura no la prohibió, se le pasó de largo se ve...

Pero ahora quedó acá, en mi memoria, la fuerza de los brazos unidos, los pañuelos blancos, la poesía de esa y otras canciones como timones de tormenta.

Sepan disculpar, repito, los que no ven colores en ese mundo. De ser de otra manera, y como decía el poeta Raúl González Tuñón...

“No se inmute, amigo, la vida es dura, con la filosofía poco se goza. Eche veinte centavos en la ranura si quiere ver la vida color de rosa.”

- Mahe Kerco

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